Yo soy católico, ¿y tú?

Fotografía: Fernando Gallardo

Con la boca chica, decimos que somos católicos, cabizbajos, avergonzados por el qué dirán o con el temor a que nos señalen, con el dedo acusador, los defensores de esta corriente anticlerical del momento. Sí, el laicismo se está imponiendo a golpe de decreto y apoyado por los medios de comunicación, extremos manipuladores, que cuentan lo que les conviene o lo que quieren que creamos. Esa es la nueva religión.

Sabemos que España es un estado aconfesional, según la Constitución, y que no tiene religión oficial, pero la tradición milenaria, mayoritariamente católica, impone un mínimo respecto a nuestros cimientos, valores e idiosincrasia. Es difícil entender, y entendernos, España (y Europa)  obviando el catolicismo. Lo que ha venido existiendo a lo largo de dos mil años, marcando nuestra fe y nuestra cultura, ahora es pura patraña y da pie a vulgaridades, según los “expertos”. Según estas mentes modernas, paladines de la beligerancia contra el catolicismo: “España se merece tener un poco de anticlericalismo”, “la Iglesia católica no enseña nada bueno y debemos arrinconarla”, “los niños no pueden aprender nada de provecho en el catolicismo” …. incluso los padres católicos están en la picota por intentar inculcar en sus hijos una fe basada en el amor, en el bien y en la entrega, valores que, para estos “maestros de la doctrina”, son malos, muy malos.

¿Y cómo hemos tardado tanto en darnos cuenta? ¿Cómo hemos podido permitir esto durante tanto tiempo? Claro hombre, las cruces que cuelgan de tantas y tantas paredes no pueden ser un buen ejemplo para nuestros hijos y tenemos que destruirlas. No podemos permitir que ese judío que pende del patíbulo, con los brazos abiertos en señal de entrega y perdón, sea un ejemplo para nuestros niños. Ese hombre, que luchó contra la opresión y los abusos, contra la corrupción de su época, contra la injusticia, contra la desigualdad y por la paz, no puede ser modelo de nuestra sociedad. Aquel judío, ejemplo de sacrificio extremo, que entregó su vida sin pedir nada a cambio y por el que son crucificados hoy día muchos inocentes, no puede ser ejemplo de valores de igualdad, paz y amor. No debemos permitir que los niños piensen que entregar la propia vida por los demás es el valor más sublime. Todavía estoy esperando que estos nuevos doctores de la enseñanza nos indiquen qué poner en vez de los crucifijos. Lo mismo debemos venerar iconos de muerte, de aborto, de drogas, de corrupción y de falta de respeto.

Son tiempos de locura incontenida, de falta de sentido común, de ir contra natura, de rumbos perdidos. Son tiempos de guerra santa contra el católico, dónde impera la ley de las minorías, de religiones minoritarias que imponen sus criterios a fuerza de esgrimir expresiones tales como “discriminación”, “igualdad”, etc. Es curioso observar cómo en esos países, de los que vienen esas minorías, la igualdad brilla por su ausencia (que se lo digan a las mujeres) y los cristianos sufren martirio simplemente por creer en Jesús, así mientras que en países islámicos se acrecienta la masacre de estos cristianos, con decapitaciones de obispos incluidas, Europa calla y cede ante sus exigencias.  Aquí, en España, somos los más abiertos de mundo. Podemos impedir, perfectamente, que nuestros hijos representan el belén viviente en el colegio porque entre 20 alumnos, 2 son musulmanes. O quitar crucifijos de la pared porque a alguien le molesta. Cosa curiosa, pues atacamos nuestras tradiciones, fundadas en una religión con base en el amor y aceptamos religiones intolerantes, beligerantes, machistas y radicales. Y en este punto me vuelvo a preguntar, tanto criticar y criticar a la iglesia católica y a lo que representa, ¿hemos llegado a conocer bien la figura de Cristo? ¿Es realmente mala la Iglesia y el catolicismo?

Jesús es la Piedra Angular de la Iglesia, sin Él no existe aquella. Es la cabeza visible y si no creemos en la Iglesia, es difícil que creamos en el Hombre que dio su vida para salvarnos, que sacrificó su vida por nuestras faltas. ¿Qué pensamos de Jesús? Sí, sí, Jesús el Nazareno, aquel hombre bueno, ejemplo de entrega y solidaridad, que revolucionó el mundo hace más de 2000 años. Sí, al Señor, al Maestro que recibimos en el bautismo para seguirlo y no abandonarlo a las primeras de cambio. A lo mejor nos ayuda a comprender mejor la figura de Cristo y aceptar su doctrina con las opiniones que tienen de Él las otras religiones mundiales. Los caminos del señor son inescrutables.

I.- HINDUISMO

En el hinduismo, el evangelio de redención predicado por Jesús encuentra acogida porque da nuevo vigor y fuerza a su espíritu de tolerancia, gentileza, paz y amistad.

Muchos maestros, monjes y figuras relevantes del hinduismo encumbran a Jesús como paradigma del amor, la verdad y la paz. Así, Gandhi quedó fuertemente impresionado por el sermón de la montaña: “Fue el nuevo Testamento el que me hizo entender realmente la justeza y el valor de la resistencia pasiva. Cuando leí en el Discurso de la Montaña pasajes como este: “No resistáis al malvado; al que te pega en una mejilla, preséntale la otra”; y  “Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seais hijos de Vuestro Padre que está en el cielo”, quedé desbordado de alegría: encontré confirmada mi opinión precisamente dónde menos lo esperaba (…)”. Para Gandhi, Jesús fue un mártir, la encarnación del sacrificio, un gran maestro de la humanidad.

En el hinduismo, a Jesús se le considera un excelente ejemplar de moralidad, de no-violencia, de verdadera humanidad. Ha sido denominado “satyagrahi” (el que se compromete y cree en la fuerza de la verdad y de la no violencia): persona eminente que vivió y anunció, con simplicidad, la verdad como elemento base de la existencia humana.

Para muchos teólogos del hinduismo, Jesús es un “avatâra”, es decir, una “encarnación plena de Dios”. En el avatâra, Dios desciende con la finalidad precisa de salvar al mundo. Jesús es un profeta puro y generoso, una de las más grandes encarnaciones de Dios, que dio su vida por nosotros.

Vemos que en el hinduismo, frecuentemente, Jesús se convierte en objeto de veneración y sus enseñanzas, conocidas, meditadas y seguidas, quedan confirmadas por el mensaje de las escrituras hindúes. Gran ejemplo el que nos brinda esta religión al reconocer en el Maestro a un ser divino, grande, símbolo de entrega máxima, de sacrificio, de paz, bien y pureza. ¿hemos tomado nota?

II.- BUDISMO

Vemos y observamos que, con frecuencia, Jesús está colocado, junto a Buda y Confucio entre los grandes sabios de Oriente. Pero van más allá los budistas y subrayan la ejemplaridad humana y la alta moralidad de Cristo.

Digno de mención es que, en algunas corrientes budista, equiparan a Jesús con un Santo, un Maestro, un hombre de gran compasión que, aunque ha alcanzado la iluminación y el nirvana, (y esto es lo importante) renuncia a ello para ayudar a los demás y alcanzar la liberación.

Dicen los budistas: “Buda enseñó el camino de la compasión, Jesús enseño el camino del Amor”.

III. JUDAISMO

Tras la II Guerra Mundial, se entró en una fase de superación del rechazo y reconsideración y recuperación del Jesús histórico por parte del pueblo judío. Se ha pasado del desprecio a la judaización de Jesús.

El pueblo judío le llega a llamar “Gran hermano” o “eterno hermano”. En otros estudios aparece la denominación de “Rabino” y “Maestro”, incluso le reconocen como un interprete oficial de la Ley en Israel.

Y sobre todo, coincidiendo con los Hindúes, admiran el Sermón de la Montaña porque es un compendio maravilloso de la doctrina moral de Nuestro Señor Jesucristo. Nunca nadie ha dicho nada que pueda compararse con lo que Él dijo.

IV. ISLAM

Incluso en el Corán, Jesús es mencionado en 15 suras, de los 114, con un total de 93 versículos. Es considerado como un gran profeta del islam.

Se le considera autor de muchos milagros y maestro del monoteísmo absoluto y de la sumisión total a Dios. Aunque su figura se reduce notablemente en el islam, puesto que se le considera tan sólo un profeta, sus enseñanzas, expresadas sobre todo y nuevamente en el Sermón de la Montaña, provoca admiración y respeto.

Hemos repasado las 4 religiones mayoritarias y sus opiniones sobre Jesús, sobre Cristo, sobre el Dios hecho Hombre. ¿Hemos sacado algo en claro? ¿Seguimos teniendo la misma opinión de Jesús? ¿Seguimos sin conocerlos? ¿Lo seguimos negando como Pedro? Creo que deberíamos de leer y meditar el Sermón de la Montaña, para comprender mínimamente la excelente persona que fue Nuestro Señor. Nos sorprendería la profundidad de sus palabras y la luz que irradia su mensaje.

Pero nosotros erre que erre. Persecución furiosa de la Iglesia de Cristo, quema de sus enseñanzas cual pira quijotesca y purga de sus seguidores. Juan Pablo II decía: “que aunque la Iglesia sea santa no quiere decir que sus miembros, hombres y mujeres, lo sean”. Ahora se tiende a generalizar lo negativo, las situaciones individuales negativas se extrapolan para etiquetar a la entidad mayor. Que salen curas pedófilos, la Iglesia es pedófila; que en el pasado, algunos sacerdotes cometieron abusos con los indios, la Iglesia cometió abusos; que algunos eclesiásticos se aliaron con los malos, la Iglesia es malvada; que algunos son corruptos, la iglesia es corrupta; que se conservan los tesoros del Vaticano, la Iglesia es una insensible que le da igual la gente que se muere de hambre en el mundo. Como se ve, se demoniza a la Iglesia, se eleva a la máxima potencia los pecados cometidos por miembros de la misma y se tacha de hipócrita, cruel, despótica y poco comprometida.

¿Alguien ha visto algún comedor social financiado por un partido político o por un sindicato?, ¿sabéis quién sustenta los comedores de beneficencia que dan de comer a colas inmensas de desempleados afectados por la crisis? Sí, efectivamente, la Iglesia católica, ordenes religiosas, Caritas diocesana. Históricamente, la Iglesia católica es la organización benéfica más eficiente y cómo tal presta ayuda al más necesitado, cuidando a enfermos terminales, muriendo en países hostiles por los más pobres, curando las heridas del alma y del cuerpo, y todo sin pedir nada a cambio, sin cortapisas, con absoluta entrega. Todos somos Iglesia, todos hacemos Iglesia. ¿Seguimos pensando igual?

¿Nos hemos preguntado alguna vez por todas las organizaciones e instituciones que mantiene la Iglesia? Ahorran al Estado millones de euros y ayudan a miles de personas necesitadas, dando de comer al hambriento, abrigando al desvalido, enseñando valores fundamentales de convivencia y concordia. Para muestra un botón:

– La Iglesia Católica mantiene 5.141 Centros de enseñanza, con un total de 990.774 alumnos.
– Mantiene 107 hospitales.
– Costea 1004 centros: ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de transeúntes y de enfermos terminales de Sida, con un total de 51.312 camas.
– El gasto de Cáritas, que sale de los bolsillos de los católicos españoles, asciende a 155 millones de euros.
– El gasto de Manos Unidas tampoco es desdeñable.
– La Iglesia mantiene 365 Centros de reeducación para marginados sociales: ex-prostitutas, ex-presidiarios y ex-toxicómanos, con un total de 53.140 personas atendidas.
– También mantiene la iglesia a 937 orfanatos, con un total de 10.835 niños abandonados.
– El 80 % del gasto de conservación y mantenimiento del Patrimonio histórico-artístico lo costea la Iglesia. Y luego comentarán que la iglesia tiene muchos bienes y la gente pasa hambre. ¿Es preferible ver esas obras de artes de la humanidad, históricas e insustituibles, expoliadas, destruidas o vendidas al mejor postor? Muchos mandatarios, ricos, multinacionales y caciques de países pequeños se enriquecen con la venta de armas y su pueblo pasa hambre. Toda la culpa a la Iglesia. ¡Válgame Dios!

Y todo esto sin contar con todos los voluntarios y trabajadores de Manos Unidas y Cáritas que, desinteresadamente, prestan su servicio “sin sueldo”, ayudan a los demás sin pedir nada cambio. ¿Os extraña que haya gente que trabaja por los demás sin cobrar un salario? Pues sí, y son Iglesia, todos somos Iglesia.

¡Ah! Se me olvidaba. También las Hermandades de Gloria y de Penitencia son parte de la Iglesia, así como todos sus hermanos, o eso se supone. Pero como dijo Julio César, con respecto a su mujer Pompeya, pero en otros términos: “No basta con que las Hermandades sean católicas, también tienen que parecerlo”. En la teoría son organizaciones católicas, pero en la práctica existen lagunas y alguna que otra incongruencia: no puedes ser hermano de una hermandad y, a la vez, ir contra los principios católicos. No puede ser.

En definitiva, yo me siento orgulloso de ser católico ¿Y tú?


Bibliografía

– “Jesús el Señor”, de Ángelo Amato.
– “El Sermón de la Montaña”. Evangelio de San Mateo, capítulos V, VI y VII.