Sobre la Esperanza cristiana

Fotografía: David Gómez

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué esperamos? ¿Qué nos espera? La esperanza, como escribe BLOCH (1), “está enamorada con el triunfo, no en el fracaso. La esperanza da amplitud a los hombres en lugar de angostarlos”. En efecto, el principio esperanza se hallaba desde siempre en el proceso del mundo, aunque durante tanto tiempo ignorado filosóficamente. Constituye un rasgo fundamental de la conciencia humana, de una determinación fundamental dentro de la realidad objetiva en su totalidad (2). Por tanto, la esperanza subjetiva, esa esperanza con la que se espera, está segura y clara de sí aun cuando lo designado por ella, es decir, la esperanza objetiva cuyo contenido se espera, solo puede ser, en el mejor de los casos, según, BLOCH(3), “probable”.

La esperanza, pues, es un elemento intrínseco de la estructura dela vida, de la dinámica del espíritu del hombre. S halla estrechamente ligada a otro elemento de la estructura vital: la “fe”; es decir, la convicción sobre lo aún no probado, el conocimiento de la posibilidad real, la conciencia de la gestación. La fe, al igual que la esperanza no es predecir el “futuro”, sino la visión del “presente” en un estado de gestación (4).  La esperanza no puede asentarse más que en la fe. La esperanza y la fe, siendo cualidades esenciales de la vida se dirigen por su misma naturaleza a trascender el “statu quo” individual y social (5). Por consiguiente, el nuevo nexo que permite al hombre sentirse uno con todos los hombres, es el nexo armónico de la hermandad, en el que, a juicio de FROMM (6), “la solidaridad y los lazos humanos no están viciados por la coartación de la libertad, ya sea emocional o intelectualmente”. Por esta razón, el mencionado autor sostiene que la “fraternidad satisface las dos necesidades del hombre: estar estrechamente relacionado y al mismo tiempo ser libre, formar parte del todo y ser independiente”.

Por el contrario, la desesperanza es, en sí, tanto en sentido temporal como objetivo, según BLOCH (7), “lo insostenible, lo insoportable en todos los sentidos a las necesidades humanas”. Actualmente, la esperanza está desapareciendo rápidamente en el mundo, de tal modo que los signos de la desesperanza son evidentes, sobre todo, la epidemia del COVID 19, la pobreza, la inmigración, l soledad, el abandono, la trata de seres humanos, el cambio climático, etc.

A mi juicio, el renacimiento del humanismo cristiano y la esperanza en Cristo resucitado, pueden conducirnos a una sociedad más fraterna y justa que ponga la técnica al servicio del bienestar de los seres humanos y del cuidado del planeta Tierra. En consecuencia, estimo que los objetivos espirituales deben aplicarse a la sociedad. En la era de la globalización, debemos construir y proyectar nuestras vidas basándonos, en opinión de LOSADA VILLASANTE (8), en los tres pilares fundamentales siguientes:

– Fe fiable e infalible en las leyes naturales y la ley moral: verdad y bien, inteligencia y conciencia, corazón y mente.
– Esperanza viva en el hombre y su destino: derechos humanos, paz y justicia universales, alegría, felicidad y belleza.
– Caridad sin límites ni medida y perdón, compasión y misericordia en todos los sentidos y para todos los hombres, sobre todo para los necesitados de amor y ayuda de cualquier tipo.

Por otra parte, SAN PEDRO (9) da gracias y bendice a Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo, “que por su gran misericordia nos reengendró a una viva esperanza por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”, debiendo a nuestros corazones a Cristo Señor y estar siempre prontos para dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pidiere (10).

En verdad, la Cuaresma es un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad. Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo en el que Dios hace nuevas todas las cosas. Significa “recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, dispuestos siempre para dar explicación   a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (11). A veces dar la esperanza es suficiente con ser persona amable que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir unas palabras que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia (12). La esperanza es, como subraya el Papa FRANCISCO (13), “audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza”. En este sentido, peregrinos de la esperanza, es el lema del jubileo 2025, convocado por su S.S. FRANCISCO.

Pero es que, además, la “esperanza no defrauda”. En efecto, la esperanza teologal nos lleva a confiar más en Dios y a seguir trabajando sobreponiéndonos con coraje a las adversidades; nos lleva poner la confianza en el Señor, que está presente en nuestra vida y nos da la fuerza para hacerlo todo nuevo. La esperanza cristiana, nos hace comprender que se puede producir un cambio en el mundo entero, aunque a menudo las apariencias nos lleven a pensar lo contrario, o tengamos la experiencia de no haber obtenido los frutos deseados después de no pocos esfuerzos (14).  Por otra parte, como enseña BENEDICTO XVI (15), la esperanza tiene mucho que ver con la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se fía de   Él en todo momento. La fe es la que consigue transformar nuestra impaciencia y nuestras dudas en la esperanza segura de que el mundo está en manos de Dios y que, al final, suya es la victoria. La fe suscita el amor, que es la luz que ilumina las tinieblas del mundo, y nos da la fuerza para seguir viviendo y actuando. Es posible vivir el amor, ponerlo en práctica, porque, en definitiva, hemos sido creados a imagen de Dios que es Amor. Un amor que genera dinamismo de esperanza.

Por consiguiente, no tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del Amor que, como declara S.S. FRANCISCO (16), “es una civilización de la esperanza contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio”. La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de todos. Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos. Ahora bien, la esperanza equivale a la fe, pues, como enseña BENEDICTO XVI (17), “quien tiene esperanza vive de otra manera, se le ha dado una vida nueva”. Ciertamente, el hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza, pues, quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida. La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y nos sigue amando “hasta el extremo, hasta el total cumplimiento” (18). Esta gran esperanza solo puede ser Dios que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por si solos no podemos alcanzar.

De hecho, el ser agraciado por un don, forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza, pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular, y a la humanidad en su conjunto. De tal suerte que la esperanza cristiana es siempre esperanza para los demás. Y es esperanza activa, con la cual luchamos para que las cosas no acaben en un “final perverso”. Es también esperanza activa en el sentido de que mantenemos el mundo abierto a Dios. Sólo así permanece también como esperanza verdaderamente humana. En verdad, el sufrimiento y los tormentos son terribles y casi insoportables.  Sin embargo, como subraya S.S. BENEDICTO XVI (19), “ha surgido la estrella de la esperanza, el ancla del corazón llega hasta el trono de Dios. El sufrimiento -sin dejar de ser sufrimiento- se convierte a pesar de todo en canto de alabanza. La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre, puesto que, una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y que no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”. 

La esperanza cristina se manifiesta desde el comienzo de la predicación de Jesús en la proclamación de las Bienaventuranzas, que elevan nuestra esperanza hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida. La esperanza “ancla del alma”, segura y firme, se expresa y alimenta en la oración, particularmente con la del “Padre Nuestro”, resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear (20).  Por consiguiente, espera que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios, y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin (21).

Bibliografía

1. BLOCH, ERNST. “El principio esperanza”. Versión del alemán por FELIPE GONZALEZ VICEN. Aguilar, S.A., de ediciones. Tomo I, 1977, P. XI.

2. Vid. BLOCH, “El principio esperanza”, op. Cit., p. XV.

3. BLOCH. “El principio esperanza”, op. Cit. Tomo III, p. 496.

4. Vid. FROMM, ERICH. “La revolución de la esperanza”. Hacía una tecnología humanizada. Traducción de DANIEL JIMENEZ CASTILLEJO. Ediciones Fondo de Cultura Económica. España, S.A., octava reimpresión, 1986, p. 24 y s.

5. FROMM, ERICH. “La revolución de la esperanza…, op. Cit. PP. 26 y s.

6. FROMM. “La revolución…, op. Cit. P. 74.

7. BLOCH, ERNST. “El principio esperanza…, op. Cit., Tomo I, p. XIII.

8. LOSADA VILLASANTE, MANUEL. “María, Madre de la Divina Gracia”. MIRIAM. Revista Mariana Universal. N.º 415. Enero-febrero, 2019, p.15.

9. SAN PEDRO, Epístola I, 1, 3.

10. SAN PEDRO, Epístola I, 3, 15.

11. Vid. S.S. FRANCISCO. “Mensaje para la Cuaresma 2021”, en “Iglesia en Sevilla”. N.º 279, marzo 2021, p.15.

12. S.S. FRANCISCO. “Mensaje…, op. Cit., p. 15.

13. S.S. FRANCISCO. “Fratelli tutti”, 55.

14. Vid. “La esperanza no defrauda”. Carta pastoral del Arzobispo de Sevilla, D. JOSE ANGEL SAIZ MENESES, en “Iglesia en Sevilla”. N.º 284, septiembre, 2021, p.13.

15. S.S. BENEDICTO XVI. “Deus caritas es”, 39.

16. S.S. FRANCISCO, “Un plan para resucitar”. Palabras del Papa en la Pascua de 2020.

17. S.S. BENEDICTO XVI.  Carta encíclica “Spe Salvi”. Sobre la Esperanza Cristiana. Roma, 30 de noviembre de 2007, en “Esperanza Nuestra”. Boletín de la Hermandad de la Macarena. Febrero, 2008, p.22.

18. Vid. S.S. BENEDICTO XVI. “Spe Salvi”, op. Cit., p. 37.

19. S.S. BENEDICTO XVI.  “Spe Salvi”, op. Cit., pp. 39, 40 y 42.20. CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA. Asociación de Editores del Catecismo. Madrid, 1992, 1820, p. 412. 21. Vid. SANTA TERESA DE JESUS. “Exclamaciones del alma a Dios” XV, en “Obras Completas”. Aguilar, S.A. de