Hermandad dentro de la Hermandad

Fotografía: Fernando Gallardo

Cuando mencionamos o escribimos, por estos rincones de Andalucía, la palabra hermandad, inmediatamente la relacionamos con pasos en la calle, con nazarenos de un color o de otro, con bandas de música, con diversidad de flores, con el olor a incienso o cera por las calles, con los detalles que nos sobrecogen o con las devociones de nuestra infancia, en definitiva, asociamos la palabra hermandad con muchos instantes y hechos que, en teoría, solo tienen lugar una vez al año, en una determinada época: La Semana Santa. O por lo menos así ha sido hasta hace poco porque, prácticamente, salen imágenes de penitencia durante todo el año, con lo que la cuaresma de antaño, nuestra cuaresma, está adulterada y nuestros sentidos viven en un constante Déjà vu cofradiero. Pero, vamos a lo nuestro porque ese tema es para tratarlo en otro artículo.

Volviendo a la época concreta de la Cuaresma, no quiero decir con este artículo, que las hermandades que nosotros conocemos no conlleven a todo lo que anteriormente he mencionado ya que por supuesto es un objetivo importante, para cada hermandad, procesionar con sus titulares en la Semana de Pasión. Pero, ¿nos hemos fijado alguna vez, en el significado etimológico de la palabra hermandad?. ¿No?, pues ya es hora de que nos hayamos fijado, porque una vez que pasa la Semana Santa, queda por delante todo un año para llevarnos como hermanos; lógicamente sería un milagro que todos los hermanos de la hermandad convivieran en paz, aunque fuera una vez al año, pero si recordamos que Jesús dejó todo un rebaño para buscar la oveja perdida, desearemos que, aunque sean unos pocos, le saquen el mayor partido a la palabra hermandad, durante el resto del año.

Hacer vida de hermandad no es fácil, sobre todo cuando se junta mucha gente, pero al menos que por intentarlo que no quede y, todo hay que decirlo, en los últimos años esto ha cambiado y se convive y se combebe más a menudo. Y es bonito ver a varios hermanos tomar copas entre ellos en cualquier bar, en cualquier momento del año, compartiendo sus cosas y esos buenos ratos; si las copas se toman con hermanos de otras hermandades, la hermandad en si toma cuerpo dentro de la iglesia, ya que son inútiles las disputas que se mantienen entre las hermandades y cofradías, más inútiles todavía si pensamos que no tienen ánimo de lucro, que si lo tuvieran la sangre habría llegado al “Salaíllo” en más de una ocasión.

Hacer un concierto de Navidad, montar un belén, recoger material escolar para repartir en los hospitales o material de todo tipo para ayudar a los valencianos víctimas de las inundaciones, vivir instantes únicos en la caseta, trabajar codo con codo en la velá del Corpus, rezar cada viernes en el sagrario o discutir con buen tono sobre algo venial. Siempre hermandad, siempre como hermanos.

¡Y claro está! Luchar todos juntos, como una hermandad, dando ejemplo, para ayudar al prójimo en los malos momentos, en los desastres y en las necesidades, para hacer más llevadero el camino de la vida, haciendo iglesia, eucaristía cotidiana con los que de verdad necesitan encontrar a Cristo en nuestros actos, en nuestros gestos más cercanos.

Y como, afortunadamente, se viene haciendo, se organizan muchas cosas para que realmente vivamos en hermandad, hermano con hermano, hablando abiertamente unos con otro, tomando cervezas en la Casa de Hermandad, disfrutando de un día de campo o jugando un partido de fútbol cualquier día del año. Todo eso nos hace más humanos, más comprometidos con la hermandad y con nuestros hermanos y a la misma vez con la sociedad. Todo eso nos ayuda y nos complace, nos conforta y nos hace sentirnos mejor cuando el Viernes Santo, alumbrando a Cristo con un cirio, siendo costalero de su Madre o simplemente contemplando la hermandad en la calle, sintamos la Esperanza viva de un Cristo dormido, y vivamos intensamente el momento de rezar a Nuestra Madre de las Angustias, ya que,  sólo cuando ella cruce el umbral de la parroquia, y se apaguen las velas de su paso, en ese momento que estemos frente a ella, le pediremos vivir la hermandad durante el resto del año, y ser hermano de nuestros hermanos.