Dios de Esperanza, perdóname por mis errores. No tengas en cuenta mis distracciones que me han desconcentrado. ¡Cuántas ocasiones te he fallado y cuántas te he abandonado! Soy consciente que viniste al mundo para salvarnos y redimir nuestros pecados. Si no fuera por Ti, no sabríamos dónde agarrarnos. Tú eres nuestra Esperanza, la Esperanza de Dios en la cual confiamos.
Como Padre afable, siempre quieres lo mejor para Tus hijos, sin tener en cuenta sus fallos y debilidades. Un padre como el mío, siempre guarda su tiempo para escucharte y levantarte. Y Tú Cristo dormido, no podías ser menos, al contrario, nunca me faltó Tu espíritu y Tus verdades.
Prestadme una escalera que pretendo subir al duro madero, que tengo que arrancarle esos malditos clavos, porque sus manos están sufriendo. Me encamino hacia el Gólgota, donde conversan su angustiada Madre, María Magdalena y Juan el Evangelista, quienes aún no entienden el cruel acontecimiento. Junto al monte Calvario se oye el toque fúnebre de una trompeta y un tambor templado que anuncian la Buena Muerte de mi Cristo sereno.
Ante el Crucificado me arrodillo e inclino la cabeza para seguirte y defenderte hasta el fin de los tiempos. Me abriste los ojos y logré entender qué es la Esperanza. Como dijo el centurión al verte muerto: «Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios». A pesar de todo, una vez más me concedes una nueva oportunidad y tus abrazos abiertos.
Eres el ancla que descendió hasta el fondo de mi alma y con felicidad viene custodiada. Jamás te apartes de mí, quiero ser tu marinero y navegar con Tu Esperanza surcando el mar de mis anhelos.
¡Dios te Salve, Santa Cruz!
¿Dónde está nuestra Esperanza?
Aquí la llevo en confianza
no tengo más, sino Tú.
En mi vida eres mi luz
y contigo mi fe avanza.
Que no se rompa la alianza
es mi esencial inquietud.
¡Ay, Cristo de la Esperanza!
Perdóname mis pecados
y discúlpame de faltas,
que me sienta más cercano.
Te portan en paso dorado,
nostalgia de costalero
y mi música sonando,
el mayor de los sueños.
Incapaz de verte muerto,
Maestro Crucificado,
pero sí ofrecerte un beso
por tanto que me has amado.
Solo te pido templanza
no te apartes todavía.
Sin Ti, ¿yo qué sería?
Mi Dios de Esperanza.
D. Germán García González
Extracto del Pregón de la Semana Santa de Arahal de 2019
