Y el nazarenito, que cambió su varita plateada por el tambor y este por el costal y la faja, ha vuelto de nuevo, y ya para mientras viva, a vestir su túnica de nazareno para seguir junto a su Cristo de la Esperanza.
Junto a ese Cristo que tiene en su cara la dulzura, que da el morir sabiendo que cumplía la voluntad del Padre y que de esa forma redimía al mundo.
Junto a ese cristo, de piel morena, que nos está diciendo desde la cruz que por su muerte pasa nuestra esperanza de hacer cada día un mundo mejor.
Junto a mi gitano de mi alma al que, cada Viernes Santo, aprovechando que vamos los dos muy cerca uno del otro, le digo:
SEÑOR:
LO INJUSTO, EL ATROPELLO Y LA MENTIRA
SIGUEN ESTANDO HOY PRESENTE EN NUESTRAS VIDAS.
Y DESPUÉS DE VEINTE SIGLOS SE RESPIRA
UN AIRE DE JUSTICIA TAN ESCASA
QUE SIGUES SIENDO, TÚ,
MI ÚNICO CAMINO.
QUE SIGUES SIENDO, TÚ, MI ÚNICA ESPERANZA.
POR ESO, SEÑOR
QUISIERA HACER QUE MI VIDA
TE LIBRARA DE ESA MUERTE.
QUISIERA PODER QUERERTE
Y CURARTE A TI ESA HERIDA
¡DEJAME QUE TE LO PIDA!
¡MIRA QUE YO TE LO DIGO,
SEÑOR, SIN OTRO TESTIGO
QUE TU MISMO, EN LA CRUZ MUERTO!
¡YO QUISIERA CRISTO AMIGO
ANDAR JUNTO A TI EL CAMINO!
Y EL DÍA QUE YA NO PUEDA
YO QUISIERA CRISTO MÍO
CRUCIFICARME CONTIGO.
D. Antonio Brenes Domínguez
Extracto del Pregón de la Semana Santa de Arahal de 1995
