CRISTO MÍO DE LA ESPERANZA

Cristo Mío de la Esperanza, he llegado en tantos trances a pedirte cuentas de aquello que a mi alma solivianta… Tanto… que esa ira me hizo tu enemigo. Y he osado a darte hasta la espalda, he puesto en cuestión incluso lo que Tú me representas… He faltado a tu nombre llorando de rabia por el dolor que me provocaron injusticias… Y siempre, esa entonación mediando entre Tú y yo: ¿Por qué Señor? ¿Por qué…?

Hace unos meses, conocí a Manuel Ángel, un chaval, alumno del instituto de Tomares en que diariamente trabajo. Muchos lunes a primera hora de la mañana, cuando realizo mi hora de guardia, he tenido la oportunidad de estar con él al ausentarse su profesora de Apoyo e Integración. El primer momento en que me encontré con Manu, como le gusta que le llamen, a simple vista no aparentaba ningún tipo de carencia. Justo hasta el impás en que me saludó cortésmente para darme los “buenos días”. Fue entonces cuando entendí que no estaba ante un alumno común.

Su profesora le había dejado las tareas pendientes para esa jornada: “lectura comprensiva”, “cálculo”

¿Quién me lo iba a decir Señor? ¿Quién… Dios de mi Esperanza? Que yo a un adolescente de catorce años, ¡de catorce!, tuviera que enseñarle a sumar 2+2. ¿Por qué Señor…? ¿Y cómo explicarle que no puede estar con sus amigos en la misma clase? ¿Y cómo frenar su frustración cuando al hacer sus actividades, el querer nunca doblega al poder? ¿Cómo? ¿Y por qué Señor? ¿Por qué?

No sé si os he dicho que Manuel Ángel sufrió al nacer parálisis cerebral.

Y vengo hasta Ti, Crucificado de la Esperanza… Me acerco hasta Ti, para rivalizar contigo, hasta el extremo de recriminarte que eso no lo merece un chiquillo que nada malo ha hecho salvo sobrevivir. Vengo hasta tu lado con la intención de reprocharte las calamidades, te busco para exigirte explicaciones mientras mi ser se retuerce por tanta sinrazón…

Y llego hasta tu altar… Te miro desafiante… Espero una señal que aplaque mi coraje… ¡Aquí estoy frente a tu mismo rostro…! Y te insisto: ¿Por qué Señor de la Esperanza… por qué?

Mientras tanto, siguen pasando los segundos… Pausadamente…

 Y el silencio comienza a imponer ante mí su peso irrenunciable. Pasan, siguen pasando los segundos. Ya son minutos…

Entonces, sin percibirlo, de manera dulce, tu presencia inunda lentamente mis sentidos: una sangre, unas llagas, tu placidez, unos ojos entreabiertos, la serena manera en que tu cuerpo reposa en el madero, cabeza que se hunde en la inmensidad de un pecho al descubierto, manos abiertas, corazón traspasado… Poco a poco, mis recelos son doblegados por el valor de la evidencia. Eso es así, y así lo es… Porque sin hablarme, dándome la vida que aparentas no tener en esa cruz, siempre, Tú siempre, por mucha que sea la ira con la que me acerque hasta Ti, me acabarás comprendiendo… y perdonando. Esa es tu grandeza, Cristo mío, con la que nos das el sol cada mañana tanto a buenos como a malos. La misma grandeza con la que regalas el don de la lluvia tanto a los justos como a los desagradecidos. Así lo dice tu Escritura.

Por eso, ¿qué voy yo a exigirte Dios Mío de la Esperanza, qué puedo yo más pedirte, si al final de toda espera, Tú, y sólo Tú, serás lo único que queda? Fuese el que fuese todo mal, en el momento postrero, al fin y al cabo, eres el único pañuelo que secará toda lágrima vencida. Porque Tú sufriste, tú el primero, y lo hiciste por mí, por él, por todos…  ¡¡¡por entero!!!… Tú y sólo Tú te entregaste, Tú moriste, para abrirnos las puertas del cielo. Alabanza para Tí, a Ti, Dios de la Esperanza, sólo a Ti, porque serás por siempre el ejemplo.

POR ESO YO CREO EN TI,
CRISTO… SEÑOR VERDADERO,
DIOS TE SALVE SANTA CRUZ,
DONDE ESTÁ LO QUE MÁS QUIERO.

EN ESA CRUZ QUE ES MI VIDA,
DONDE MORAN MIS TORMENTOS,
DONDE AQUEL, DE LA ESPERANZA
VA CON LOS BRAZOS ABIERTOS.

Y UN CORAZÓN TRASPASADO,
QUE CONTIENE MIS DESVELOS,
MANOS ABIERTAS… LANZADA,
SOBRE UN PECHO DESCUBIERTO.

Y UN ROSTRO QUE CAE SOBRE SÍ,
BRONCE DIVINO ES TU CUERPO,
CRISTO, REY DEL VIERNES SANTO,
A REZARTE AHORA YO VENGO.

PORQUE SON PARA TI MIS SENTIDOS,
PARA TI DEVOCIÓN POR ENTERO,
PARA TI ES MI VOZ QUE TE ACLAMA,
PARA TI ALABARTE CON CELO.

Y A PESAR DE QUE EN LA VIDA MIL VECES
SE IMPONGAN LOS SUFRIMIENTOS,
TÚ SERÁS LA ÚNICA LUZ
QUE ME LLEVE HASTA EL SOSIEGO.
Y AUNQUE TU ETERNA LLAMADA,
NO LLEGUE A CONMOVER MIS ADENTROS,
Y AL TENERTE YO DELANTE,
SÓLO ENCONTRARAS DESPRECIO…

DÉJAME, SEÑOR, QUE TE DIGA,
A PESAR DE QUE NO LO MEREZCO,
QUE MI FE ESTARÁ EN EL TENERTE…
Y EN EL IRTE BENDICIENDO.

Y POR MUCHO QUE NO QUIERA OIRTE,
Y LO POCO QUE TE OFREZCO,
Y TE OLVIDE, Y YO TE IGNORE,
Y MI VOZ SE HAGA SILENCIO.

AL FINAL DE LOS FINALES,
DE ESO NO HAY MÁS REMEDIO,
SÓLO ME MOVERÁ EL MIRAR
A TUS OJOS ENTREABIERTOS.
Y EL ACERCARME A LA CRUZ,
DONDE DORMITA TU SUEÑO,
DONDE TU DULCE FIGURA,
HACE A MIS SENTIDOS PRESOS.

ME ENTREGO PARA SIEMPRE A TI,
TE HAGO AHORA UN JURAMENTO,
QUE CON SANGRE COLOR BLANCO Y VERDE,
ANTE MI GENTE HOY SELLO.

SEÑOR DIOS DE MI HERMANDAD,
MI CORAZÓN ES TU HUERTO,
Y MIS PALABRAS POR SIEMPRE
SANTO Y SEÑA… UN SENTIMIENTO.

VERDE RASO, BLANCA CAPA
MI ORGULLO DE NAZARENO,
QUE ACOMPAÑARTE, SEÑOR
ESO SÍ QUE NO TIENE PRECIO.
NI EL CAMINAR TRAS DE TI,
VIERNES SANTO, ATARDECIENDO,
NI EL REFLEJAR TU PERFIL,
POR FACHADAS COMO LIENZOS.

NI TU ROSTRO, NI TUS MANOS,
NI ESOS OJOS ENTREABIERTOS,
NI LAS LLAGAS QUE SEÑALAN,
EL MORENO DE TU CUERPO…

ADMITE AQUÍ MIS PLEGARIAS,
ESCUCHA, SEÑOR, MIS TE QUIERO,
ACEPTA CRISTO, ESTA ORACIÓN,
QUE ES LO ÚNICO QUE TENGO:

PARA PEDIRTE EL PERDÓN,
PARA ROGARTE EL ALIENTO,
PARA QUE SEA TU SEMBLANTE,
DE MIS HORAS FIEL REFLEJO.
DESNUDO AHORA MI ALMA,
ANTE EL MUNDO AQUÍ ME MUESTRO,
CRUCIFICADO DE MI VIDA,
PARA OFRECER LO QUE POSEO.

POR SER TÚ MI DESPERTAR,
POR SER TÚ SIEMPRE SUSTENTO,
PORQUE ME DAS Y NO TE DOY,
POR SER CÓMPLICE PERFECTO.

PORQUE ME ACERCAS TU CALMA
PORQUE TÚ VENCES MIS MIEDOS
PORQUE ERES TÚ SIEMPRE MI FUERZA
POR SER DIOS DE MI UNIVERSO.

POR SER TÚ MI FIADOR,
POR SER CLAMOR DE LO CIERTO,
POR QUERERME SIN PEDIRME
POR ARROPAR MIS MOMENTOS.

POR TI, EL DE ETERNA ESPERANZA
POR TI, HOY AQUÍ YO ME ENTREGO
POR TI CRISTO MÍO EN LA CRUZ,
POR TI, SI HACE FALTA, ¡YO MUERO!

D. Francisco Javier Rodríguez Caro
Extracto del Pregón de la Semana Santa de Arahal de 2013