Segunda sección. Los diez mandamientos.
“Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?”. Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como “el único Bueno”, como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.
Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Tradición de la Iglesia ha reconocido en los diez mandamientos una importancia y una significación primordial.
Los diez mandamientos son los siguientes:
1º «AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS»
El primer mandamiento llama al hombre para que crea en Dios, espere en Él y lo ame sobre todas las cosas.Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios: la indiferencia, la ingratitud, la tibieza…
Los actos de fe, esperanza y caridad que ordena el primer mandamiento se realizan en la oración. La esperanza es aguardar confiadamente la bendición divina y la bienaventurada visión de Dios; es también el temor de ofender el amor de Dios y de provocar su castigo.
2º «NO TOMARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO»
El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor.
Se puede pecar de diversas maneras contra este segundo mandamiento: el abuso del nombre de Dios, juramento en falso, la blasfemia, las palabras mal sonantes…
El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades.
3º «SANTIFICARÁS LAS FIESTAS»
El domingo y las demás fiestas de precepto […] los fieles se abstendrán de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo“ (CIC can. 1247). La institución del domingo contribuye a que todos disfruten de un “reposo y ocio suficientes para cultivar la vida familiar, cultural, social y religiosa” (GS 67, 3).
4º «HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE»
De conformidad con el cuarto mandamiento, Dios quiere que, después de a Él, honremos a nuestros padres y a los que Él reviste de autoridad para nuestro bien.
Los hijos deben a sus padres respeto, gratitud, justa obediencia y ayuda. El respeto filial favorece la armonía de toda la vida familiar.
Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos en la fe, en la oración y en todas las virtudes. Tienen el deber de atender, en la medida de lo posible, las necesidades materiales y espirituales de sus hijos.
Los padres deben respetar y favorecer la vocación de sus hijos. Han de recordar y enseñar que la vocación primera del cristiano es la de seguir a Jesús.
El deber de los ciudadanos es cooperar con las autoridades civiles en la construcción de la sociedad en un espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad.
5º «NO MATARÁS»
Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo.
El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad. Está prohibido por el quinto mandamiento.
6º «NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS»
La alianza que los esposos contraen libremente implica un amor fiel. Les confiere la obligación de guardar indisoluble su matrimonio.
El adulterio y el divorcio, la poligamia y la unión libre son ofensas graves a la dignidad del matrimonio.
7º «NO ROBARÁS»
El séptimo mandamiento prohíbe el robo. El robo es la usurpación del bien ajeno contra la voluntad razonable de su dueño. Toda manera de tomar y de usar injustamente un bien ajeno es contraria al séptimo mandamiento.
La limosna hecha a los pobres es un testimonio de caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios.
8º «NO DIRÁS FALSO TESTIMONIO NI MENTIRAS»
La verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse verdadero en sus actos y en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía.
La mentira consiste en decir algo falso con intención de engañar al prójimo.
Una falta cometida contra la verdad exige reparación.
9º «NO CONSENTIRÁS PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS»
En el hombre, porque es un ser compuesto de espíritu y cuerpo, existe cierta tensión, y se desarrolla una lucha de tendencias entre el “espíritu” y la “carne”. Pero, en realidad, esta lucha pertenece a la herencia del pecado. La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación del corazón y por la práctica de la templanza.
La purificación del corazón es imposible sin la oración, la práctica de la castidad, también requiere pudor y la pureza de intención y de mirada.
10º «NO CODICIARÁS LOS BIENES AJENOS»
El décimo mandamiento prohíbe el deseo desordenado, nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y del poder.
La envidia es la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de apropiárselo. Es un pecado capital.
El desprendimiento de las riquezas es necesario para entrar en el Reino de los cielos. «Bienaventurados los pobres de corazón» (Mt 5, 3).
Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica

